Luces en la noche

Casi amanece. Angustia por el fin de una noche y el comienzo de un nuevo día que traerá lo mismo.

Un banco dispuesto a escuchar mi historia muda. Lee entre líneas esta mirada al infinito.

El paradójico comfort de la incomodidad que ofrece acompaña a la desesperación por no encontrar respuesta a mil preguntas. Luces de farolas iluminan mi ceguera y sed de hambre.

El peso del beso que no pude dar arrastra mi conciencia a este suelo lleno de colillas. ¿Cuántas vidas desahogaron sus pesares en este lugar?

Un señor de aspecto deteriorado camina hacia algún sitio. Ni siquiera sé si alguno de los dos sabemos cuál es.

Estrellas fugaces sin deseos que ofrecer.

Irónicamente, mi mente despierta en este preciso instante, cuando todo duerme o muere.

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Smooth

Palabras, imágenes llueven mientras suena Freddy Cole en esta habitación. Los besos que faltaron, las despedidas que dolieron y un brindis al vacío a la salud de los buenos tiempos.

Sentado en esta vieja silla que, a pesar de cojear, aún sigue ofreciendo un lugar donde descansar. Tenemos algo en común.

El café trae sabor a la inconsistente sonrisa-suspiro que aparece cuando un fracaso acude a visitar el pensamiento. El amargor de lo añorado y el dulzor de lo vivido pueden convivir en este momento.

La vida avanza, pero no importa. En este lugar, un juez vestido de saxofón dictamina que se puede rebobinar y pulsar play tantas veces como sea -im- posible.

Paradójicamente, encuentras alivio en el dolor por una ausencia muy presente. Como si la ansiedad que agarra tu pecho te hiciera sentir vivo.

Miras al techo y ves tu reflejo. Un cielo sin estrellas.

Sonríes.

Pensamientos de escalón

Sentado frente a esta catedral, convertido en un improvisado espectador de vidas ajenas. Vacío mis pulmones con un suspiro mientras observo el acelerado ritmo del mundo.

Caras sonrientes desechables se reúnen, llenas de retoques, a darse el visto bueno a sus atuendos y tocados. A su tren de vida, buscando una “reputación” o falso aprecio y reconocimiento .

Vivimos en un mundo en el que “me gusta” que más deseamos es el de Facebook. El de Instagram. El de Twitter. El de…

El éxito reside en que personas a las que no importamos realmente hagan acto de presencia por mera obligación, o pulsen un botón de forma rutinaria para ratificar que cumples con los cánones o con la forma de vivir más socialmente aceptada.

Y es que vivir ha pasado de ser un fin, a ser un medio.

¿Qué soy?

Un erizo con las púas hacia dentro.

Un pez que se ahoga.

Un Ave Fénix que resurge de las cenizas para volver a morir de la misma manera.

Lluvia torrencial.

Un planeta consumido por el núcleo.

Yo.

 

 

 

 

Un domingo cualquiera

Como la Vía Láctea dejando trazos en el cielo nocturno, los mejores recuerdos aparecen cuando todo está oscuro. El placer culpable de revivir aquello que murió, sabiendo que sólo puede causar dolor.

La vida se convierte ,entonces, en un diario cuya siguiente página aparece escrita, sin saber cómo ni por qué. Un mero trámite de 24 horas.

Llega un momento en el que dejas de dar importancia a tu propia forma de sentir, y tratas de escapar de…no sabes muy bien qué. Escapas en círculos.

Pasa el tiempo y comprendes que esta existencia puede tener mil bifurcaciones, pero hay ciertos “puntos de control” por donde debes pasar. Y uno de ellos es la aceptación de tu propia naturaleza.

Y entonces, alcanzas ese lugar desde el que ves tu mundo en ruinas. Puedes tomar la decisión de seguir corriendo hacia ninguna parte, o asumir que es el único sitio en donde puedes vivir, y que sólo serás feliz si vuelves a reconstruirlo.

Entiendes que…es momento de dejar de huir.

 

 

 

 

 

 

Resuenan, en este lugar silencioso, ecos de tus carcajadas, que curan el hastío que causa tu ausencia.

Vislumbro el cielo desde la rendija que tu sonrisa me ofrece. Su destello es tan fuerte que ni siquiera puedo ver si pisaré firme o me caeré al vacío.

Dibujo universos con el color de tus ojos. Contemplo tu mundo desde este balcón, al que ato las mariposas para que nunca se vayan.

Somos olas que volverán a chocar en otra orilla, en otro tiempo. Una historia sin final.

28 de Mayo

Aroma a besos caducados. Obsolescencia indeseada. Gritos mudos que sobreviven entre motores, pisadas y conversaciones volátiles.

Como un mantra se repiten, en ese lugar donde nadie más puede escuchar, las mismas canciones que dan forma a un rostro y a un lugar.

Un músico callejero y su saxofón convierten un sentimiento de pérdida en un elegante fracaso. En amor de un sólo sentido cargado de brandy. Odas a la nostalgia frente a un jukebox.

Semáforos que reúnen mil estados de ánimo.

El cielo estrellado y sus analogías con el amor:  estrellas que brillaron juntas, orbitando a años luz tras el paso del tiempo.

Como Theodore sin Samantha, creando sonrisas que se quedan al otro lado de la puerta.

Wandering flames

Complacencia en una sonrisa. Tristeza en una mirada honesta. Vivencias derramándose de una taza de café. Vacíos que duelen.

El tiempo es mecido por un cálido recuerdo a la orilla del mar de deseos, a donde llegan los besos que no te dí.

El eco de nuestros gritos en la montaña se perdió en el cruel abismo de la indiferencia, donde viven historias que nunca serán vistas.

Somos llamas errantes en un mundo frío. Un instante eterno.

 

 

Resurgir

Paisajes de ensueño dibujados en un iris

Caricias que cierran páginas

Miradas que derraman vida

Sonrisas en las que vivieron lágrimas.

 

Historias que no vienen en libros

Recuerdos que no mueren en vivos

Vientos que limpian caminos

Tempestades convertidas en cirros.

 

Un pasado que cierra los puños

Un futuro que habita en la palma de la mano

Un presente que cura rasguños

Un enfermo que vuelve a estar sano.

 

Aires de guerra

Mares en calma

Tierras que queman

Fuegos que bañan.

 

 

 

Germán Domínguez

Interestelar

Luces ancladas en el manto, que observan, como meras espectadoras, destellos de sonrisas entre sábanas que desaparecen en el firmamento.

Un viaje sin rumbo por el vasto universo, anhelando encontrar una cálida estrella que le mantenga en órbita, esquivando la frialdad de planetas en los que no quiere habitar.

Vacíos en los que se propagan deseos. Deseos en los que se propaga el vacío.